ActualidadEdición 172 – Noviembre 2022

¿Qué nos puede enseñar la experiencia de autodefensa campesina en Marquetalia?

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Por Wilmar Harley Castillo Amorocho

Con el asesinato de Jorge Eliecer Gaitán, líder popular de una facción socialista del Partido Liberal, el 28 de abril de 1948 se acrecentó la guerra gubernamental dirigida por el Partido Conservador hacia las bases sociales liberales. Aunque el estallido liberal no se tradujo en un dominio nacional de las comunidades, la oligarquía goda, dueña del gobierno nacional en ese entonces, intentó perpetuarse en el poder valiéndose de grupos armados, apoyados implícita o explícitamente por la Iglesia, la Policía y el Ejército.

Amanecieron cuerpos sin vida en las carreteras de El Dovio (Valle del Cauca) y Upía (Caldas), a las veredas empezaron a llegar cartas anónimas que amenazaban de muerte al destinatario si no abandonaba su finca, se dispararon las asonadas y robos en tabernas y demás negocios que eran propiedad de liberales o atendidos por personas vestidas de rojo. Los conservadores robaron las fincas y ocuparon las casas abandonadas para colonizar los territorios donde el partido rival era hegemónico. Obligaron a las comunidades liberales a cambiarse de partido, cuya vida dependía de un salvoconducto.

Pedro Antonio Marín fue uno de los miles de testigos y víctimas de esta guerra política conocida como La Violencia. Al evaporarse sus sueños personales de tener su finca y negocio productivo en su tierra natal de Caldas, se convertiría en uno de los protagonistas de la autodefensa campesina que dio paso a una de las guerrillas históricas de Nuestramérica.

Autodefensa Popular
Hay dos Marquetalias en Colombia, la que en el mapa administrativo aparece como un municipio de Caldas, y la que fundó Jacobo Prías Alape, “Charro Negro”, en esa explanada rodeada de cerros, donde estaba ubicada la finca El Támara. La segunda Marquetalia nació en Gaitania, un municipio al sur del Tolima. De manera despectiva, el senador conservador Álvaro Gómez Hurtado la denominó como una de las “repúblicas independientes”.

La oligarquía colombiana y Estados Unidos llamarían luego “Operación Marquetalia” a la guerra que inició en 1964 contra las comunidades campesinas asentadas en los municipios Rioblanco, Planadas y Chaparral, cuyo propósito era “restablecer el imperio de la ley” en estos territorios, que, según la oficialidad, estaban siendo controlados por bandoleros comunistas.

Una vez inició la Operación Marquetalia, el campesinado organizado recurrió a la Guerra de Guerrillas. Es gracias a Arturo Alape que hoy conocemos en detalles las tácticas empleadas para sobrevivir a las bombas de cinco toneladas, los 14.000 soldados, las modalidades de tortura, y las enfermedades extranjeras.

La movilidad constante de pequeños grupos armados de no más de 15 miembros, el conocimiento pleno del territorio, usurpar las armas de los soldados, el convertirse en un solo cuerpo con la selva, el trabajo conjunto con las personas no combatientes en diferentes actividades cotidianas de la guerra, y la astucia para burlar la aviación de inteligencia, garantizaron que estas comunidades no quedaran enterradas bajo los cráteres de seis metros de hondo y 52 metros de circunferencia que dejaban las bombas aéreas.

En su libro Tirofijo: Las Vidas De Pedro Antonio Marín, Manuel Marulanda Vélez, Arturo Alape ilustró la cualificación empírica de la resistencia del campesinado liberal: “la astucia de hombres escurridizos, su olfato para detectar a distancias los olores que impregnan el cuerpo y la ropa del enemigo, la agilidad para huir a tiempo, para esconderse a tiempo, para atacar en el tiempo preciso; rescatar la psicología del hombre acosado, los reflejos de un montaraz que simplemente devota distancias, su sudor, su respiración, sus ojos que lo ven todo a la redonda, su pensar para decidir en el momento supremo en que la vida es apenas un segundo de respiro, decidir sin arrepentimientos prematuros; rescatar su conocimiento y dominio de la naturaleza, sus abrigos, diferenciando los más mínimos ruidos”.

Además de la narración detallada de la resistencia militar, se describen también los roles cotidianos que tuvieron las personas que no combatían: los agricultores, sastres, médicos tradicionales, el personal de salud, las comisiones de mujeres, cocineros, jóvenes, niños y niñas, que entre todos se repartían de manera igualitaria los bienes que la comunidad reunía, buscando el beneficio colectivo y no individual como ocurrió con las guerrillas liberales de Gerardo Loaiza, quienes daban vía libre para que cada combatiente tomara lo que pudiera en medio de las confrontaciones armadas, promoviendo de esta forma la competencia y el surgimiento de caciques.

En Marquetalia cada miembro de la comunidad tenía un papel especifico que respondía a un plan general, que no desestimaba asuntos básicos de la vida. Este embrión de sociedad no tuvo eco en los grupos armados liberales que disputaban la hegemonía al gobierno nacional. Las guerrillas del llano, por ejemplo, tuvieron control sobre una considerable parte del oriente colombiano, pero su desmovilización y el posterior asesinato de sus líderes apagó cualquier proyecto de una nación nueva. Lo mismo sucedió con los liberales del sur del Tolima, cuyo rumbo político y de resistencia se decantó por hacer parte del gobierno nacional bajo las directrices del Partido Liberal.

Si bien lograron sofocar las primeras manifestaciones guerrilleras, al Frente Nacional le molestó que en el nudo de la cordillera central los marquetalianos y marquetalianas empezaran a consolidar un proyecto de sociedad basado en los postulados del Partido Comunista, radicalmente opuesto al tipo de sociedad impuesto por la oligarquía conservadora y liberal. Manuel Marulanda fue uno de los voceros que ante el gobierno departamental y nacional reclamaba una mejora de las carreteras, los puestos de salud, las instituciones educativas, y la exigencia de préstamos del Banco Agrario sin asfixiantes intereses.

Otro estilo de vida en las montañas
Algo que disgustó y distanció a los liberales en armas del sur del Tolima del campesinado comunista del Bloque Sur, fueron las normas de comportamiento sometidas al interés de la colectividad y la disciplina militar que debía ser practicada por combatientes y no combatientes. Los primeros no concebían que “hubiera que pedir permiso para todo”, o compartir todo entre todos, incluyendo a la compañera sentimental, argumento que fue utilizado para estigmatizar ese estilo de vida novedoso en las montañas de Tolima, Huila y Cauca.

En la asamblea donde se decidió la separación, Gerardo Loayza dijo que: “había llegado el momento de ponerle punto final al comunismo, que si el comunismo prosperaba en Colombia, entonces les quitarían las fincas, el Estado se apropiaría de los niños, el hombre sin libertad individual sería un pobre hombre sin mente, la vida se volvería colectiva y, las mujeres, imagínense ustedes, la mujer de uno como merienda fresca para veinte machos, pasando de cama en cama en sueño calenturiento… ¿Qué piensan de las creencias religiosas…? Señores, pues si ahora las ancianas en [la región de] El Davis tienen que meterse debajo de las camas para rezarle al santo de su devoción, ¿qué pasaría con la religión si los comunistas llegan al poder…? Sería el adiós a las creencias que uno como cristiano lleva en el alma”.

El anticomunismo empezó a ser un principio público del Partido Liberal y Conservador. Paradójicamente, con el tiempo también se enraizaría en el sur del Tolima, donde grupos liberales armados anochecieron peleando contra el conservadurismo y amanecieron siendo del establecimiento. ¿Cómo vivía el diablo en las montañas de la cordillera central? ¿En las altas esferas de la oligarquía bipartidista pensaban que el infierno se expandiría desde Marquetalia a todo el país?

Durante el periodo de “pacificación” de las autodefensas comunistas y liberales, mientras estas acordaban desmovilizarse e integrar de mutuo acuerdo al bipartidismo del Frente Nacional, el campesinado comunista desarrollaba su vida en base a “las mismas ramificaciones estructurales en lo político y social que El Davis. No cambia en lo esencial, se mantiene la propuesta, un poco más avanzada, de una pequeña sociedad cerrada, por el hostigamiento desde afuera y, por lo tanto, para preservarse, se autogobierna. Cambia en la participación activa de las mujeres en el trabajo […] Ahora comercia sus productos directamente; cambia en que la dirección no sigue funcionando como dos entidades separadas: la política y la militar, se crea una dirección de conjunto, dándole prioridad, por la circunstancia de la pacificación, a la conducción política. En Marquetalia por la configuración del terreno, una explanada, rodeada de nudos de cordillera, adyacente a la selva, desde el comienzo, se construyen cordones de fortificaciones y refugios contra los bombardeos, lógica precaución por el albur de un asalto por sorpresa. Cuando un mando cometía una indisciplina grave, o violaba una orden o contravenía las disposiciones de la lucha guerrillera, a ese mando se le sancionaba, especialmente degradándolo […] Cuando se presentaban problemas internos entre vecinos por cuestiones legales de linderos, por daño ocasionados en las sementeras por descuidar a los animales, acudían a la dirección para que arreglara el conflicto

Y cuando una pareja quería casarse, lo planteaba al organismo correspondiente; una muchacha se quería con un compañero, si pertenecía al comité femenino, lo informaba en su organización y el compañero lo planteaba en las filas o en la juventud comunista. Intervenían las dos organizaciones, se concretaba finalmente un acuerdo, en todo sentido benéfico para los dos, se exigían responsabilidades, se les pedía el consentimiento a los padres, se llevaba al comando y éste autorizaba. Todo el mundo entraba y salía a la hora que deseaba y quería. Es cierto, había un control interno para evitar situaciones que obligaran a las autoridades a entrar a buscar a una persona y llevársela detenida. En verdad, es física verdad, en la zona no era necesaria la presencia de la autoridad. Manteníamos excelentes relaciones con las autoridades vecinas, con los inspectores de policía…”.

Lecciones marquetalianas
Este embrión de poder popular en Colombia hace parte de las diversas experiencias que demuestran la capacidad de autogobierno del pueblo, pero por determinadas coyunturas son respuestas espontáneas de la historia. Es necesario recalcar la creatividad de las comunidades para construir una territorialidad acorde a los intereses, valores y necesidades comunes, en este caso bajo el horizonte político del Partido Comunista, sus bases sociales y combatientes se fundían en una propuesta de sociedad.

La sospecha de nuevos ataques militares estuvo latente desde el primer día de la desmovilización. El campesinado afiliado al partido liberal había sido perseguido y diezmado por los grupos armados conservadores, lo que produjo la desaparición física y la desaparición política y simbólica de una parte de la población que, principalmente en la cordillera central, apostaba por forjar un patrimonio individual y familiar sin olvidar las relaciones de solidaridad y reciprocidad, que tantas vidas salvó cuando empezó la ofensiva conservadora.

El clímax de este tejido social liberal y revolucionario, con rasgos de izquierda, vivió su furor tras el asesinato de Jorge Eliecer Gaitán. En algunos municipios, motivados por la rabia, los “nueveabrileños” o “gaitanistas” se tomaron el control político, reemplazando a las autoridades civiles y policiales. Sin embargo, por la descoordinación y la poca planeación en estos brotes de gobierno propio, fueron aplacados por el Ejército y la dirección del Partido Liberal, que mantuvo incidencia en sus bases sociales.

La génesis de las FARC-EP resumida en este artículo, revela el potencial del pueblo campesino para construir la territorialidad propia, y desarrollar la autodefensa popular en diferentes niveles de confrontación, en este caso la guerra de guerrillas. Si bien es cierto que la solidaridad, el trabajo y el cumplimiento de la palabra eran cualidades innatas a las relaciones rurales, Marquetalia experimenta un despertar de rasgos del comunismo primitivo, combinado con una estructura organizativa político y militar.

Otro aspecto a resaltar es que este germen armado es un ejemplo de praxis, pues la experiencia ganada en la guerra diaria se va adquiriendo en la medida que se logra el objetivo de seguir con vida. La reflexión sobre las acciones bélicas del Estado, el conocimiento integral del territorio, el análisis de las decisiones del gobierno nacional, del Partido Liberal y Conservador, ganaron una relevancia significativa a nivel municipal y cotidiano.

Los adjetivos estigmatizantes de Álvaro Gómez Hurtado también fueron el inicio de una postura que el establecimiento colombiano ha refinado con el pasar de los años. Las estrategias y los calificativos cambian, pero las intenciones de sometimiento y aniquilación se mantienen hasta nuestros días.

 

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