Por: Wilmar Harley castillo amorocho
Como amante de los documentales, me convenzo cada vez más del poder ideológico y cultural que tienen estas creaciones sobre y con las comunidades para fortalecer la voz y la memoria propia, así como las luchas colectivas que libran cotidianamente. Claro que hay una diversidad de temáticas en el género del documental, pero me enfocaré en el inspirado y motivado por el cine militante.
Los documentales mexicanos Un poquito de tanta verdad y Un tren muy grande que se llama la otra campaña retratan acontecimientos que sacudieron al país centroamericano desde su base popular. En La otra campaña, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) despliega una movilización nacional, reuniendo distintas voces adherentes a La Sexta Declaración de la Selva Lacandona en los encuentros preparatorios que se celebraron en diferentes municipios autónomos zapatistas de Chiapas. En la otra creación, los protagonistas son el pueblo del Estado de Oaxaca que impulsan un levantamiento popular, conocida por algunos como la “Comuna de Oaxaca”. Desde otro lado del mundo, el documental Existir es resistir nos muestra la lucha histórica del pueblo palestino en el más reciente episodio de la invasión genocida que desarrolla el Estado de Israel desde 1948.
El aporte de los dos documentales mexicanos es la política del afecto (invención de formas sensibles y la posibilidad de crear la vida soñada) y la invitación a ser parte en la construcción constituyente de otro poder. El impacto afectivo de la historia, a través de sus protagonistas narrando su papel en la revuelta popular, sus aspiraciones, anécdotas y puntos de vista de la coyuntura, así como su crecimiento personal y político, logran conectar al público con sus anhelos colectivos de vida digna. Esa conciencia colectiva es más fuerte que las imágenes de la represión policial y de los cuerpos heridos que esta va dejando en la calle. Al evidenciar la capacidad de organizar un poder paralelo al institucional por parte de la gente del común, donde se relacionan a partir del reconocimiento del otro y otra, como hermano/a y no como enemigo/a, aflora la esperanza porque es real, es decir, eso en la pantalla fue una experiencia cercana en términos de que sus protagonistas sufren la misma condición socioeconómica y brinda una alternativa para salir de esa misma condición de opresión.
Así mismo, en La otra campaña se observa cómo va creciendo una propuesta de sociedad y de poder popular, a partir de la participación de diversas voces en Chiapas y a lo largo de su trayecto por México. La figura del subcomandante Marcos y de la militancia zapatista, impacta primeramente por todo lo que representan, pero a medida que otras caras y voces también surgen, las reuniones, los discursos y otras acciones, van teniendo el protagonismo del documental y evitan que la creación termine siendo una propaganda visual del EZLN.
Entre muchos, otro aporte del documental mexicano es el sacudón que trajo consigo la cámara súper 8 mm que, como si fuese la abuela del celular actual, este dispositivo pudo entrar clandestinamente a la cárcel de Lecumberri para que los detenidos políticos de las revueltas de 1968, pudieran filmar la vida dentro de esta institución penitenciaria. La súper 8 mm permitió que la gente dejara de ser espectadora y pasara a la acción con la cámara en mano grabando durante este periodo explosivo del siglo XX. Aquí se lanza la crítica a la izquierda tradicional y a su principio de “educar a las masas”, justificado en el supuesto vacío político-ideológico de las mayorías que debía ser llenado por el partido de vanguardia.
Siguiendo con el enfoque vanguardista, el cine militante ha recaído en determinados sujetos que se forman y especializan en el campo, sin embargo, quedan temas y sujetos por fuera de cámara, por más conciencia de clase que se tenga. Sin desmeritar el legado de cineastas militantes, los públicos y comunidades quedamos a la merced de la iniciativa de determinados profesionales del cine. Entonces, la súper 8 mm llega a las manos de esos públicos y comunidades para que hagan parte de la creación audiovisual. ¿Alguna coincidencia con el celular actual?
La investigadora Inés Dussel plantea algo que llama “despertar” la mirada por aquello que no vemos o no vio el o la documentalista. En el periodo de Historia de un documento, se presenció el tipo de castigo que el Estado mexicano venía preparando para los y las que se opusieran a ese régimen político antirrevolucionario, ósea la cárcel, y de paso representar el modelo de sociedad represiva y vigilada desde un panóptico centralizado.
Por último, el reciente documental sobre la lucha palestina, Existir es resistir, muestra una vez más la invasión israelí contra el pueblo y territorio palestino a través de sus víctimas de diferente edad y género. A todas las voces palestinas las une su resistencia y sueño vigente de recuperar su territorio robado. Lo nuevo que considero rompe con la narrativa lastimera que envuelve, consciente e inconscientemente, a los documentales sobre el pueblo palestino, es mostrar los debates entre dos parejas de hombres alrededor de su lucha popular y las alternativas de vida junto al pueblo israelí cuando desaparezca la invasión sionista.
Ese contrapunteo de argumentos, los encuentros y alejamientos de ideas, la ausencia de una voz in off nos pone en esa misma sala. Deja claro que a pesar de estar abiertas las heridas, el pueblo palestino no solo resiste, sino que sigue pensándose su sociedad en medio de las bombas, los muros y gases lacrimógenos.
Conclusión sin cierre
A pesar de tanta información basura y bots al servicio de la alienación individualizada en las redes sociales, los aportes que mencioné son un esfuerzo por enfrentar ese contexto vigente. Un ejemplo es la resistencia palestina y las acciones del eje de la resistencia en el Líbano, Siria, Irak y Yemen, a partir del 7 de octubre del 2023, cuyo diluvio de Al-qsa despertó nuevamente la solidaridad popular en muchas ciudades del mundo. Las creaciones audiovisuales del pueblo palestino donde muestran como resisten la agresión israelí, junto a los asesinatos de niños/as, mujeres y demás palestinos, han roto ese letargo masificado que las corporaciones de las tecnologías de la información han impuesto a los públicos.
En este ejemplo también se encuentra aquella sensibilidad y convencimiento de los proyectos de vida que tienen los pueblos, así como la participación colectiva hacia objetivos comunes, en este caso, las protestas en apoyo al pueblo palestino en territorios musulmanes y no musulmanes. La intromisión del celular a nuestra vida privada no se limita a un papel de dictador cotidiano, otras manos también lo han convertido en la herramienta capaz de exponer la realidad que oculta y tergiversa las empresas privadas de información mundiales.
Ese uso consciente, militante, no-alienado del celular, nos recuerda la herencia de la súper 8 mm para revelar aquello que las pantallas oficiales no muestran. Ese dispositivo de comunicaciones nos ha ayudado a seguir despertando en la arena de la lucha de clases, como también en el cine, el documental, el videoclip y demás lenguajes que constituye lo audiovisual. Pues no solo para denunciar sirven los celulares, ahora también se hacen películas y largometrajes.
Aquí la herramienta no marca el ritmo de la creación, lo marca la capacidad de incendiar la mente y el corazón del público para demostrar la vigencia de la utopía, además para sembrar la semilla de narrar el mundo desde su realidad.











