Por Juan Alejandro Echeverri
Durante el día nos bañó un sol bárbaro y pegachento. Al caer la tarde, cuando terminó la movilización, cayó una tormenta con toda la ira de Dios. La selva del Pacífico se manifestó con exageraciones paradójicas; en un lenguaje imposible de abarcar.
Alrededor de 100 personas, congregadas por la Red de Derechos Humanos del Pacífico Colombiano (REDDHHPAC), caminaron por las calles de la capital del Chocó en memoria de Luz Jenny Montaño, Jesusita Moreno Mosquera, Santa Felicinda Santamaría Mosquera, Patrocinio Bonilla, Juana María Perea Plata, Romilio Angulo López, Emilsen Manyoma, y todos los liderazgos que faltaron en el tendero de la memoria que se expuso en el malecón de Quibdó.
La REDDHHPAC escogió el 7 de junio para realizar su primera conmemoración regional por los líderes y lideresas asesinadas en el pacífico, por algo especial: se cumplía un año del asesinato de Jesusita Morena. “Tuta”, como le decían en el Medio San Juan, increpaba a los actores armados, no se amilanaba, trató de organizar su comunidad, y defendió la vida como un bien supremo.
![]()
Aunque las autoridades nunca investigaron las razones, se presume que a Patronicio Bonilla lo asesinaron por las mismas razones que mataron a “Tuta”. Bonilla hacía parte del Proceso de Comunidades Negras (PCN), de la Junta Nacional del Coordinador Nacional Agrario (CNA), e hizo lo posible porque el deporte distrajera del ruido de la guerra a los niños de San Rita y los demás municipios de la cuenca del río Baudó. “Era una persona que cuando había problema, siempre estaba al frente. Muy colaboradora. No era muchacho de problemas. Fuera de la comunidad todo el mundo lo quería, desde el más pequeño hasta el más grande. Todo el mundo dice: ay si “Patrón” estuviera… Jugaba con todos los niños en el pueblo. A pesar de que tenía su edad [31 años], parecía un niño. “Patron” era la alegría del pueblo”, nos aseguró una familiar suya que asistió a la conmemoración.
El 11 de agosto de 2019, en horas de la madrugada, 8 personas armadas secuestraron a “Patron” y otras 15 personas en Santa Rita, un pueblo ribereño ubicado a más de 5 horas de Quibdó. Horas más tarde lo mataron y lo tiraron al caño de una quebrada; los demás fueron liberados con vida. Según la familiar, desde que apagaron la llama de su primo, nadie ha querido asumir la labor que él cumplía. Los jóvenes prefirieron abandonar el territorio. El duelo inconcluso y el miedo sigue latente. La comunidad, dice ella, no se atreve siquiera a denunciar la grave situación de derechos humanos.
Por el temor y las complejidades del territorio, en el Chocó cualquier cifra, sea de violencia o de pobreza, puede ser proclive al subregistro. Sólo en la cuenca del río San Juan, una de las tres más importantes del departamento, el Semillero de Investigación en Perspectivas Críticas de la Paz de la Universidad de Antioquia y la REDDHHPAC, lograron documentar 47 desplazamientos forzados, 17 homicidios, 46 confinamientos, 22 incursiones armadas, 2 bombardeos, 2 masacres, 7 secuestros, 38 enfrentamientos armados, y 6 casos de persecución a líderes sociales, todo esto entre 2018 y 2022.
“Hemos logrado visibilizar que la mayoría de las cuencas del Chocó se encuentran en una dinámica de desolación, aislamiento, temor, y desplazamiento. Nos ha tocado hacerlo de una manera empírica, a raíz de la complejidad del territorio, y lo que nos permite las lógicas de la guerra”, manifestó Marlon Moreno, director de la REDDHHPAC.
![]()
Si bien no hay indicios de que termine el conflicto, ni depende de ellos que la situación mejore, la negación y el silencio nunca hicieron parte del ser negro. Por eso, nos dijo Marlon, organizaron la actividad del 7 de junio: “Es muy normal que asesinen un líder, es normal que se hagan pronunciamientos a través de las redes, y eso no pasa de ahí, no tiene mayor relevancia. Entonces decidimos realizar la primera conmemoración a los líderes caídos”.
Mientras que Jhon Mejia, estudiante de la Universidad de Antioquia e integrante de la REDDHHPAC, aseguró que: “La memoria es el recuerdo sobre el cual confluyen muchas emociones, muchas acciones. Para nosotros la memoria de los líderes es importante no dejarla perder porque es el referente de lucha, de resistencia, y además es el referente de dignidad. Este evento nos posibilita que muchas más personas que tienen esa inquietud, que se sienten vulneradas por la acción de los grupos armados, tengan un nicho al cual se puedan integrar, y en el cual puedan alzar su voz de protesta”.
Esta nueva crisis humanitaria del Chocó ha sido explicada como una disputa entre las AGC y el ELN por el monopolio del control territorial. La dinámica de este enfrentamiento tampoco distingue entre armados y no armados, las comunidades del Pacífico están quedando en medio de la avanzada de las AGC, y los intentos de contención del ELN para no perder uno de sus bastiones más importantes.
Marlon no desconoce ese análisis. Pero agrega que la riqueza mineral que esconde la selva del Pacífico también es uno de los detonantes: “Esto es la imitación de lo que vivieron otras zonas del país, que en su momento tuvieron mucha importación por sus recursos. El Chocó en un tiempo fue la excepción. Pero cuando muchas multinacionales incursionan en el territorio, y se dan cuenta de la riqueza, es lógico que las dinámicas cambian. Aquí se habla de una serie de megaproyectos como el canal interoceánico, el puerto de Tribugá y Nuqui… Todo este avance paramilitar obedece a estos intereses”.
![]()
Hoy los ríos que se van desmembrando por la selva chocoana tienen puntos donde se hacen retenes y horarios de circulación: está prohibido navegar antes de las 6 de la mañana o después de la 6 de la tarde. Las prácticas ancestrales productivas son las más afectadas por este gobierno armado. No se puede “barrer guacuco”, porque es precisamente en horas de la noche cuando este pez está durmiendo entre las rocas. El miedo tiene inmovilizado el departamento, las personas no quieren ir a sus parcelas, ubicadas por lo general a varios kilómetros de su residencia, por temor a que les pueda suceder algo en el camino.
Son muchas las actividades y las caravanas humanitarias que la REDDHHPAC ha organizado para tratar de llamar la atención del Estado y del país, hasta ahora nada ha cambiado. En enero también participamos de la caravana que se hizo al Bajo Calima y al Medio San Juan. La cual fue pactada entre el Gobierno y el ELN en la primera ronda de negociación, con el propósito de realizar un diagnóstico de la situación y llevar un alivio a los territorios. Pero los confinamientos, los asesinatos y los desplazamientos no mermaron.
“Acá se escucha el ¡pam pam! mientras nos hablan de paz”, cantó uno de los jóvenes raperos que se presentó en el malecón durante la conmemoración. Otro integrante del grupo La Manada Rap dijo luego que “como el rap siempre es protesta, no puede morir”. Pareciera que ante los “disparos del silencio y la indiferencia”, hilar unas cuantas rimas es el último mecanismo de autoprotección que le queda al Chocó. Porque es rapeando que a sus jóvenes se les ve extasiados, frescos, brillantes, y plenos, que al fin y al cabo es la forma más de natural de sentirse vivo.
Pese a que no estaba invitado a la actividad, en Quibdó —una ciudad que empieza a apagarse a las 7 de la noche por culpa del paro armado— fue evidente el miedo. No hubo chirimía, tambores, ni la alegre marea negra que ha inundado hasta las calles de Bogotá. Si un negro está triste, y el tambor queda en un segundo plano, es porque en serio algo anda mal.