ActualidadDerechos HumanosMovida Social

Conociendo la tierra recuperada en Curumaní

0
binary comment

Por Wilmar Harley Castillo Amorocho

Llegar a Curumaní es sentir el calor de su temperatura, pero también es sentir el cariño de su gente; las montañas que conectan con el Catatumbo (norte de Santander), la Serranía del Perijá y con la República Bolivariana de Venezuela; el movimiento económico en restaurantes, tiendas, locales comerciales, talleres de motos y carros. El vallenato de fondo caracteriza todo el recorrido hacia las recuperaciones de tierra que acompaña el Movimiento de Trabajadores, Campesinos y Comunidades del Cesar (MTCC).

Si yo sufro, los que estamos alrededor sufren. Si usted sufre, yo sufro también

Por la vía al Tigre se llega a la vereda La Calichosa, donde se toma el guarapo con hielo, una jarrada de cuatro litros que, entre vaso y vaso de once onzas, refresca el cuerpo y calienta el corazón. Siguiendo por esta vía se llega a una hacienda conocida como La Grosería, cuya entrada tiene dos largas astas con la bandera de Colombia y otra con una bandera blanca. Para las veinte familias que viven allí, la hacienda se renombra 20 de julio, aludiendo al día que recuperaron este predio de las manos de “Juan Pistola” (Juan Manuel de Castro), conocido terrateniente cuyo amor por las fuerzas militares no ha muerto y lo hace conocer a la gente con su ropa militar, pistolas y prácticas despojadoras.

Entre palmas de aceite están construidos los ranchos de plástico y madera. Sentados en un comedor de madera improvisado me explica las razones de estar allí: “Estamos aquí por la necesidad de tener un pedacito de tierra para sembrar maíz, yuca. Esta tierra es buena y estaba perdida. Sacaban de vez en cuando el corozo, pero si usted mira alrededor está perdido, y nosotros necesitando tierra para trabajar”, cuenta Ángel Miguel Barrios, un hombre tímido y preciso al hablar, pero seguro de lo que dice y siente.

Después de tomar jugo de guayaba con pan, Miguel junto a otro joven mostraron una parte de la siembra de maíz que están cultivando con el ánimo de transformar la vocación del predio. Poco a poco van sacando la palma, abriendo monte y sembrando comida. En el lote donde estábamos tienen pensado sembrar yuca y plátano también, mientras van quemando y tumbando lo que queda de la palma para que ayude a fortalecer la vida de esa tierra fértil. Luego conversé con Carmen María León, Horacio Salazar Amaya, Rufino Vega, José Trinidad Cifuentes, que también conforman la comunidad 20 de julio. Doña María, con sus 66 años, no pierde la fuerza en su mirada, ni la de sus brazos para manejar un machete en la parcela de 20 metros que orgullosa muestra como propia, y que junto a su compañero de vida trabajan a diario.

“Tocó desplazame en el 2004, de esta forma nos tocó luchar por esta tierra aquí. Estamos sembrando de todo, lo que un campesino neto necesita para llevar al pueblo. Tamos sembrando patilla, yuca, maíz, ahuyama, melón, cabecita negra que es frijol, de todo eso tenemos sembrado aquí”. También habló sobre el trabajo colectivo en la tierra comunal: “Un muchacho, sobrino del señor Fino, se fue a quemar un avispero por ahí, con tanto verano entonces se cayó el avispero, regó brazas y eso fue la quemazón que hubo. Entre todos bregamos apagarlo para que no pasara la candela pa´ allá. Ahí fue cuando buscamos al hijo mío pa´ que nos ayudara a guarañar también. Luego a esperar a que nos cayera la agüita. Esta yuca que tenemos acá la sacamos en to´el verano con riego, ahí con lucha entre todos”.

En esta conversa a varias voces, José Trinidad resaltó la importancia de juntarse como campesinado para reclamar y poseer la tierra: “Nosotros como somos campesinos debemos unirnos, hablar a la misma voz y reclamar a la misma voz que todas las tierras que haigan aptas para trabajar, que el gobierno se la reparta a los campesinos”.

Así mismo, Horacio Salazar recordó la exigencia al actual Gobierno Nacional del cambio: “Esperamos de este gobierno brazos abiertos para que nos ayude a salir adelante. En muchos momentos se han prometido muchas cosas, pero nunca se han cumplido. No hemos tenido la oportunidad nunca de poder tener las cosas como verdaderos campesinos que nos gusta producir y poner ese granito de arena para poder cambiar a Colombia.”

Al final Rufino Vega cerró la conversa con un mensaje salido desde su vida y lucha campesina: “Es importante luchar por la tierra, porque quiero tener una tierra. E´estao luchando por una tierra y nunca había podido tener una tierra, y ya que se llegó la oportunidad de tenerla hay que lucharla. Para los campesinos del país que luchen y echemos pal ante, que llegó la hora de tenerla.”

Bajo la sombra de un árbol y sentados en unas bancas de madera que forman un salón en mesa redonda, almorzamos gallina criolla sudada con yuca cocida que Maria León nos preparó. Después de abrazarnos y agradecer su tiempo para conocer la lucha de la comunidad 20 de julio, la comunidad de Pitalito abrió sus corazones para seguir conversando sobre la recuperación de la tierra y del territorio.

Nunca el campesino va a volver a sus tierras si no se toman por recuperación

Las montañas se van haciendo más grandes a medida que avanzamos. El aire se enfría a medida que se sube por la carretera y el bosque termina siendo la pared que rodea el camino hasta Pitalito. Nos dimos cuenta de que estaba cerca la comunidad porque las matas a la orilla de la carretera estaban podadas, ese día hicieron convite. Reunidos al frente de la cancha de futbol, estaban conversando sobre la jornada y limpiándose la ropa, otros tomando tinto, para terminar así la mañana de trabajo comunitario.

Estrecho la mano de cada uno y cada una. Llevamos las sillas y pupitres para sentarnos en círculo y presentar el motivo de la visita. Bajo la sombra de un árbol la comunidad está de acuerdo con mis entrevistas y se presenta. Empecé la conversa con Maryeri Becerra y Diana Jaimes, quienes explicaron que esta recuperación fue el fruto del tercer intento de retornar a la vereda, “porque siempre ha pertenecido a las familias que nos encontramos hoy acá”, dijo Maryeri, quien continuó explicando cómo ha sido la vida en esta recuperación de tierra:

“Es difícil por la falta de experiencia, pero el apoyo del MTCC-CNA (Coordinador Nacional Agrario) han sido de gran apoyo a nuestra comunidad. Nos han asesorado, han estado pendientes, han venido a darnos capacitaciones sobre cómo podemos organizarnos comunitariamente. Pienso que la convivencia, como en todos lados, a veces se torna muy difícil, ya que somos de diferentes regiones, de diferentes clases, con diferentes costumbres, pero con ayuda de nuestros compañeros del MTCC ha sido fácil organizarnos.”

“Empezamos por organizar una Junta de Acción Comunal, sin reconocimiento legal todavía. Decidimos tomar este local donde se realizan los trabajos de toda la comunidad. Nos dividimos por parcelas, se hicieron asignaciones, depende del grande que tenga cada parcela, para que cada uno cosechara. Cada quien está en su parcela, armó su casita, está viviendo ahí y eso ha mejorado la convivencia de la comunidad.”

Diana Jaimes luego aseguró que: “El objetivo es demostrarle a la sociedad que nosotros no somos ningunos invasores, que nosotros estamos tratando de recuperar el territorio que siempre nos ha pertenecido, que somos campesinos de igual forma que ellos, y que estamos en la lucha.  Para eso hemos trabajado con eventos deportivos, se hacen las limpias de las carreteras. Aquí en este lugar algunos vecinos son auxiliados, que se me pinchó la llanta, que necesito esto, que la quebrada se creció y no pude trasladarme. Hemos sido así en forma de hermandad con las demás comunidades, y creo que ha sido un logro. Eso juega mucho a favor de la comunidad de Pitalito. Nos organizamos como una comunidad, respetándonos cada miembro de la comunidad, teniendo algo armónico, siempre hacemos integraciones colectivas, nos queremos como hermanos, no nos vemos como un vecino sino como hermanos, como familia.”

A pesar de la falta de energía eléctrica, de señal telefónica e internet, de un transporte digno para la juventud que estudia el bachillerato en el casco urbano de Curumaní, y demás necesidades que sufre esta comunidad, su visión de la vida tiene un gran peso en las acciones colectivas que combinan cotidianidad y lucha campesina:

Por su parte, Maryeri Becerra contó qué es lo que aspira de esta lucha: “Que podamos tener garantías para poder no solo estar en el territorio, que también nos den el reconocimiento. Que ya no haiga esa violación de los derechos. Que la ANT (Agencia Nacional de Tierras) tenga una transparencia, que actúen de otra manera porque hay otro gobierno, que no sean corruptos porque las instituciones estuvieron al servicio del Gobierno anterior, favorecieron todo el tiempo al terrateniente y el campesino estuvo estigmatizado, discriminado, asesinado. Desde los procesos sociales, desde la parte organizativa se va sumando. Es concientizar y no solo nosotros por la historia, por la vivencia, es sumando a más personas a estos procesos para buscar aliados, fuerzas desde el pueblo”.

Las chicharras fueron apagándose y las nubes cargadas de agua nos sorprendieron con su torrente. Nos entramos a la escuela, que consta de un salón en tablas y tejas de zinc, tablero, pupitres y trabajos hechos por la niñez de Pitalito distribuidos en las paredes. Se fueron haciendo charcos en el piso de arena por las goteras, pero aun así se hicieron pequeños grupos y conversamos gritando al oído. Afuera, en la cancha, los niños y niñas jugaban futbol bajo el aguacero y los adultos tomamos tinto dentro de la escuela.

La organización hace que se logre lo que se necesita 

El propósito del acompañamiento del MTCC es el de alimentar sanamente a las comunidades recuperadoras de tierra y a las comunidades alrededor. Además, esta lucha en el Cesar responde al mandato nacional del Coordinador Nacional Agrario de recuperar 10 millones de hectáreas para mitigar el hambre en el país, así lo explicó David Donado, miembro del MTCC:

“El MTCC acompaña14 recuperaciones en el departamento. Hoy el movimiento social aquí en el Cesar lleva este mandato, creemos que ese campesino está produciendo su alimento y para las comunidades alrededor. El campesino vuelve a la tierra, así sea un poco, a cultivar y es una forma de mitigar el hambre en el departamento.”

En el paisaje de este territorio se evidencia la vocación de monocultivo y ganadería extensiva impuesta con corrupción, paramilitarismo y acumulación por desposesión. La ciénaga de Santa Isabel, ubicada en el corregimiento nombrado con el mismo nombre, lo demuestra, pues los ríos Simití y Anime que alimentan la ciénaga, fueron desviados para el monocultivo de palma, generando que se estanque el barro en el fondo del agua, mermando la variedad de pescado que por años suministraba a la comunidad de Santa Isabel.

Así mismo, la ciénaga de Zapatosa también está en peligro de extinción al tener 35 mil hectáreas en manos de terratenientes, reduciendo su tamaño a 50 mil hectáreas de las 80 mil que tenía en los años 80. Este sustento de alimento, agua y conservación de flora y fauna para el Cesar, el Caribe y el país, hace parte de la estrategia de recuperación del movimiento social que recupera poco a poco las fincas 20 de julio y Pitalito, ya que en su intento de implementar la agroecología se evita que los venenos fumigados lleguen a los ríos y estos a las ciénagas, aportando así a su limpieza y conservación.

Esta visión integral e integradora del territorio ubica a las ciénagas como bienes comunes estratégicos para la soberanía alimentaria, la permanencia en el territorio y la cultura campesina de estas comunidades rivereñas que aprendieron a nadar bañándose en las ciénagas. David aclaró que la lucha por el territorio es la misma entre los procesos agrarios del CNA en el Cesar: “Las ciénagas son parte de las comunidades, son parte de los pueblos. En Terraplen, San Martín, las luchas son las mismas. La ciénaga de Santa Isabel hace parte de la lucha del MTCC, también los compañeros de la comisión que luchan en Puerto oculto, en Terraplén[1]. El campesinado lucha por implementar una forma de vida para la soberanía alimentaria y con una comida sana.”

Otro factor estratégico que tienen estas retomas de tierra, es la recuperación y reproducción de la vida campesina, al permitir que nazca y crezca la niñez y la juventud en el campo. No es lo mismo crecer en el pueblo, en el barrio, a pesar de ser hijo e hija de campesinos y campesinas. Este factor es importante para el MTCC, por ello se esfuerzan para que su niñez y juventud sean el Bocashi del movimiento campesino colombiano, que continúe con la herencia dejada por la ANUC-UR (Asociación Nacional de Usuarios Campesinos – Unidad y Reconstrucción) del siglo pasado.

Estas luchas alrededor de la recuperación de la tierra, del territorio y de la forma de vida campesina, son una muestra de la reforma agraria integral sustentada en los intereses, prácticas agrícolas, relaciones comunitarias, objetivos políticos, y las territorialidades campesinas. Esta reforma agraria va más allá de la normativa, la burocracia, y la reforma rural integral del actual Gobierno.

También son muestra de los logros ganados a partir de la organización campesina, que acorta la trocha que conduce al objetivo de vida digna y soberanía popular. En los ojos de David, María León, José Trinidad, Horacio Salazar, Rufino Vega, Maryeri Becerra, Diana Jaimes y el resto del 20 de julio y Pitalito puede verse reflejado ese convencimiento.

 

[1] Se refiere a las comunidades organizadas en la Comisión de Interlocución del Sur de Bolívar, Centro y Sur del Cesar y los Santanderes.

¡Que no se nos olvide!

Previous article

Una perla paradisíaca

Next article
Login/Sign up