Edición 176 – Enero - Marzo 2024Editoriales

Editorial edición 176: La estrategia de Caracol

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No se trata de la genial película colombiana de Sergio Cabrera, sino de una historia real donde las poderosas corporaciones de comunicación masiva se convirtieron, y desde hace mucho, en francotiradores de las oligarquías y del capital. Actúan como punta de lanza para asesinar líderes y lideresas sociales, especialmente militantes de izquierda; pero también para eliminar del camino a los verdaderos comunicadores y periodistas, como Julián Assange.

 

Agitan guerras imperialistas y sionistas, legitiman invasiones, masacres, bombardeos y lavan los rostros de los corruptos; promueven los discursos de odio, racismo, xenofobia y condenan, sin fórmula de juicio, a los pueblos empobrecidos que eventualmente se ven obligados a usar la fuerza para defenderse de las agresiones colonialistas. Su trabajo es envenenar las mentes imponiendo un discurso único: el de la hegemonía de los opresores. Siempre se salen con la suya, porque el gatillo lo aprieta otro. Para la muestra, un botón.

El martes 5 de marzo de 2024, en el programa de Caracol Radio 6AM Hoy por Hoy, la “periodista” Diana Saray Giraldo tituló una injuriosa “noticia” de la siguiente manera: “Preocupación en Arauca por peticiones que estaría haciendo el ELN al Gobierno Nacional”. La tendenciosa Diana Giraldo se refería al pliego de peticiones que las Organizaciones Sociales de Arauca, articuladas en el Movimiento Social y Político de Masas del Centro Oriente Colombiano, le presentaron al gobierno regional y nacional en enero de 2024, después de varios ejercicios de movilización. La petición fue acompañada por la ONU y la OEA, además respaldada por las autoridades locales. Algunas de las exigencias, que hasta hoy no han sido resueltas, tienen su origen en los años setenta.

La “periodista” de Caracol Radio reiteró con insistencia que: “Aumenta la preocupación en Arauca ante el fortalecimiento del movimiento del ELN que está haciendo fuertes peticiones al gobierno de Gustavo Petro”, y calificó como exageradas las peticiones. Su mediocridad no le permitieron distinguir entre un movimiento social y una guerrilla armada. Ella no sabe, y tal vez no le interesa entender, que una guerrilla que está negociando la paz con el gobierno no necesita presentar pliegos de peticiones al gobernador de Arauca porque ya tiene un espacio para ello. No existe ninguna explicación para que una “periodista” de uno de los más poderosos e influyentes medios de “información”, propiedad del grupo transnacional Prisa, desconozca esa realidad.

Mientras ella usaba su poder mediático desde las cabinas en Bogotá, a cientos de kilómetros Josué Castellanos Pérez se preparaba para salir de su casa a reunirse con la comunidad y con los rectores y profesores, para delinear los proyectos que, gracias al pliego de peticiones, beneficiarían a las comunidades en materia educativa.

Josué era un campesino de Tame, Arauca, dirigente del Movimiento Social y político de Masas del Centro Oriente Colombiano, un líder social y comunal, y empresario coordinador de la producción de plátano en la región. Caracol Televisión le había realizado años atrás un reportaje donde resaltaba su obra social y comunitaria. Josué y sus seres queridos jamás pensaron que, en la capital, tal vez con o sin intención, detrás de un micrófono se estaba cosechando una tragedia.

Hacia las tres de la tarde, mientras desarrollaban la reunión, irrumpieron en el lugar hombres armados que neutralizaron a sus escoltas y se llevaron a Josué para luego arrebatarle la vida. El medio ignoraba torpemente, o quizás lo tenía muy claro, que en el departamento de Arauca desde las altas esferas políticas y militares, siempre apoyadas por la prensa guerrerista y sesgada, se desarrolla una estrategia contrainsurgente cuyo objetivo principal es deslegitimar al movimiento social y su proyecto político. Es increíble que un medio como Caracol desconozca el genocidio perpetrado durante décadas en esa región fronteriza contra el campesinado y sus dirigentes.

Josué Castellanos murió aislado de la sensibilidad social de las grandes ciudades, deshumanizado ante una buena parte de la sociedad con su movimiento social desprestigiado y señalado. Murió a merced de los sicarios que siguen al pie de la letra las narrativas mortuorias que impulsan las mafias mediáticas. No queda la más mínima duda sobre el papel que juega la comunicación hegemónica capitalista en el fomento de la violencia y la guerra. Tampoco deberían existir equivocaciones ni confusiones al interior de los movimientos sociales, que a diario luchan en todo el país por construir una paz con justicia social y ambiental, con cambios y transformaciones.

Es urgente construir comunicación popular, comunicación para la paz, comunicación contrahegemónica; una que lleve los valores humanos de la resistencia, la solidaridad, la colectividad, la fraternidad, la defensa de los territorios y la vida. Una comunicación que rescate y exalte las narrativas de las gentes y sus procesos, las historias de vida que nos dan esperanza en medio de las más violentas estrategias de Caracol.

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