Por. Natalia Bedoya Alcaraz
Como ha sido costumbre, las mujeres, y todo lo que tiene que ver con nosotras, ha estado en boca de algunos hombres durante años y, así mismo, nuestros derechos; aunque seamos nosotras las que ponemos el cuerpo y morimos por doquier al exigirlos. Y, aunque evidentemente la historia se ha volcado a nuestro favor y siempre existan conquistas por contar detrás de un “hemos llegado hasta aquí…”, el presente es un presente amenazante en el que grandes personajes juegan a apoyarnos como si nosotras no supiéramos, por experiencia propia, que en esto que nos compete hay que ir más allá del discurso.
Por ejemplo, durante toda su campaña electoral, Gustavo Petro nos prometió vivir sabroso y construir un país para nosotras, se puso el pañuelo verde entonces y apropió causas que el movimiento social de mujeres y el movimiento feminista han venido liderando históricamente: el derecho al aborto, la equidad, la erradicación de las violencias basadas en género (VBG), el acceso a la salud sexual y reproductiva, a la educación, al trabajo digno y más.
Tres años después, como es público, Petro no solamente ha roto el pacto de paridad dentro de su gabinete, sino que le ha abierto espacios dentro de su proyecto político a hombres denunciados como Hollman Morris, Daniel Mendoza y Armando Benedetti –nombrado jefe de despacho–, y afirmó, en su primer consejo de ministros televisado, que ha visto “feminismos que destruyen al hombre”.
Esta última afirmación generó tensiones entre nosotras y el Gobierno, sobre todo porque fue utilizada como argumento frente a la inconformidad que pusieron sobre la mesa dos ministras, Francia Márquez y Susana Muhamad, respecto al nuevo jefe de despacho del presidente, quien además, se dedicó a predicar sobre segundas oportunidades y justificar a sus amigos. Después de eso, Petro no dio explicaciones al movimiento de mujeres y feminista, a pesar de que distintos canales y medios de comunicación cuestionaron sus acciones, hasta que un mes y cinco días después de dicha reunión, el 11 de marzo, la reforma laboral fue hundida en el congreso y él decidió mencionar el tema de género en una de sus publicaciones de X:

“Se rien porque hunden que las mujeres trabajadoras iban a tener licencia laboral los días de menstruación. Brutal”, publicó el presidente, adjuntando una fotografía de los ocho congresistas que se opusieron al proyecto de ley. Seguro supuso que era la forma y el momento indicado para hacer las veces de empático, dejando de lado la tensión y llamándonos nuevamente a las mujeres para que levantemos su bandera y participemos en la consulta popular.
“Petro durante su gobierno ha tenido diversas contradicciones entre el pragmatismo que dice utilizar y el compromiso con los movimientos feministas, porque al lanzarse justamente se comprometió a un gabinete paritario, a no promover violentadores en su gobierno y lo que ha venido pasando es que al inicio, en efecto, fue un gabinete paritario, pero cada vez más ha ido mermando eso. Evidentemente hay varias personas denunciadas públicamente por violencias basadas en género en su gobierno, eso hace parte también de la violencia estructural y simbólica, donde estas personas aun cuando han sido violentadores se mantienen en cargos de poder demostrándole a la sociedad que es menos importante eso que el pragmatismo de un gobierno”, plantea Juliana Ramírez Rojas, politóloga, defensora de derechos humanos e integrante de la plataforma Ciudadanías para la Paz.
La reforma laboral, ciertamente, nos menciona. El último de los principios que constituyen la propuesta se refiere a una “protección especial” para nosotras y para las y los trabajadores menores de edad. Específicamente, la palabra “mujer” aparece ocho veces en el documento final que no se logró discutir en el Congreso. El proyecto fue construido en su inicio por Gloria Inés Ramírez, exministra de trabajo, y varias de las personas voceras hoy son mujeres. Sin embargo, como agrega Juliana:
“Eso no es lo único que garantiza tener un compromiso con la agenda feminista o de las mujeres. No es solamente que haya una mujer ahí, sino que es necesario tener elementos reivindicativos, pero también estructurales dentro de la reforma, que permitan eso. Hay unos, pero quedan faltando más, pero de nuevo sin que eso quite que hay una violencia simbólica, que en vez de transformarse en este gobierno, pues se ha mantenido e incluso profundizado en algunos casos”.
Esos “unos”, sin contar otros artículos que se refieren a nuestros posibles beneficios, son los siguientes:
Primero, respecto al embarazo, el Artículo 10 habla de la estabilidad laboral reforzada, de manera que se le garantice el trabajo a la mujer o persona en estado de embarazo durante y hasta los 6 meses después del parto. Esa misma protección se le daría a su pareja si ella no tiene un empleo formal y es beneficiaria en el sistema de seguridad social en salud. Adicionalmente, el Artículo 20 también hace énfasis en que no se debe exigir a personas en embarazo ejecutar tareas que requieran esfuerzos físicos extremos; en caso de que esto se dé y ella se niegue, esta no podrá ser una razón válida para desmejorar sus condiciones de trabajo en términos de salario.
Ese mismo artículo también habla de no discriminar a personas trabajadoras víctimas de violencias basadas en género por causas asociadas a estas circunstancias, y de no discriminar a las mujeres de orientaciones sexuales diversas con acciones que impidan la promoción y garantía de sus derechos en los ambientes laborales. Se prohíbe entonces el racismo, la xenofobia y cualquier forma de discriminación en razón de las ideologías u orientación sexual, identidad y/o expresión de género.
El Artículo 21, por su parte, establece las medidas para la eliminación de la violencia, el acoso y la discriminación en el mundo del trabajo, y promete que “se garantizarán acciones de prevención y atención, con protocolos, comités, herramientas y mecanismos necesarios, que reconozcan y aborden las violencias basadas en género y el acoso sexual en el mundo del trabajo. Del mismo modo, se garantizará lo necesario para la reparación y no repetición de estas conductas”. La propuesta de hecho dice que dentro de las obligaciones especiales del empleador estaría otorgar, en la medida de sus posibilidades, el derecho de reubicación en la empresa a las mujeres trabajadoras que sean víctimas de violencia de pareja, de violencia intrafamiliar y tentativa de feminicidio comprobada, sin desmejorar sus condiciones, y garantizar la protección de su vida e integridad.
Para mencionar uno último, el artículo 36 está dedicado a la protección del trabajo femenino rural y campesino. Este ordena que las mujeres rurales y campesinas sean remuneradas por el trabajo que realizan en la preparación de alimentos, el cuidado de personas, animales y de cultivos, y las demás actividades que desarrollen. También le encarga al Ministerio del Trabajo reglamentar la forma en la que ellas accederán a la seguridad social. Por último, “el gobierno nacional y los empleadores velarán por eliminar cualquier forma de discriminación o explotación”.
Además de todo lo anterior, la reforma laboral plantea la redistribución de las tareas de cuidado (aumentando la licencia de paternidad), la formalización del trabajo doméstico remunerado y la licencia menstrual, que han sido los puntos más difundidos y populares. Particularmente, el de la licencia mestrual ha abierto debates en redes sociales donde se ha llegado a opinar que en realidad esta sería un peligro porque, al tener unos días libres obligatorios por la regla, los empresarios dejarían de contratar mujeres. Se asegura entonces que es una propuesta que en vez de abrirnos las puertas del mercado laboral, nos “incapacita”.
Lo más importante de este último punto es mencionar que el proyecto de ley habla únicamente de dar licencias necesarias para asistir a citas médicas programadas o citas médicas de urgencia en caso de que la empleada presente ciclos menstruales incapacitantes, dismenorreas o cuadros de tensión abdominal por la menstruación, asociados a endometriosis ya diagnosticada.
Frente a este panorama, Dora Saldarriaga, abogada, profesora, exconcejala de Medellín y antigua integrante del movimiento político Estamos Listas, plantea que “todas las acciones afirmativas para mujeres son un reto porque finalmente la norma lo que hace es obligar, pero no necesariamente cambia las condiciones culturales que sostienen la desigualdad entre hombres y mujeres”.
Para ella es muy importante establecer una norma que obligue, pero necesariamente hay que tomar decisiones de facto, basadas en los hechos y no en el derecho, de manera que se generen condiciones culturales que aumenten el carácter simbólico y material del cuidado. Dora argumenta que los derechos de las mujeres nunca han obedecido a cambios socioculturales a largo tiempo, sino a este tipo de acciones que irrumpen y moderan poco a poco los subsistemas patriarcales que existen dentro de la sociedad.
“Cuando simbólicamente se reconozca la importancia de que las mujeres sostienen el sistema reproductivo y productivo de este país, cambiarán las condiciones. Por otro lado, creo que los empresarios requieren generar otras medidas, o sea, si el asunto de ellos es la productividad, garantizar estos derechos aumenta la productividad. Si no lo resuelven desde el asunto de los derechos humanos, pues creo que con el asunto de la productividad también pueden tener una fundamentación, y lo que hay que hacer es hacerlo cumplir”, agrega la exconcejala.

Patricia Salazar, lideresa del Putumayo, secretaria de la Asociación de Mujeres Andinaomazonicas, delegada del Programa Nacional Integral de Sustitución de Cultivos de Uso Ilícito (PNIS) para Puerto Caicedo e integrante de la mesa comunitaria PDET de este mismo municipio, aterriza la cuestión a las regiones rurales del país:
“Para las mujeres lideresas no ha sido fácil, no ha sido fácil abrirnos este camino en el cual hemos dado gran parte de nuestra vida en todas las luchas; confiamos en un presidente desde un sentir diferente, desde el cual hemos caminado y seguimos caminando pese a las dificultades que ha habido. Sí sentimos que el presidente ha fracturado nuestros sentires. No es como decir que nos hayamos sentido defraudadas, pero sí han tocado esas vibras que las mujeres tenemos incluso estando tan lejos del centro del país, desde donde se dictan muchas cosas. Es cierto que en Colombia, y creo que en el transcurso de nuestra vida, debemos dar segundas oportunidades, pero también como mujeres miramos que esas segundas oportunidades a muchas les ha costado la vida”.
Patricia plantea que lo primero que les queda como lideresas comunitarias son dos preguntas: ¿Quién nos garantiza una sostenibilidad económica que permita garantizar la implementación de estas medidas que están escritas?, y, ¿quién se compromete a vigilar que lo que queda plasmado en esta reforma, si se llegase a aprobar, se va a cumplir?
“Mirándolo desde las mujeres rurales y campesinas, ¿cómo el Estado le va a garantizar eso a una mujer que realiza el trabajo doméstico en una finca, por ejemplo? Hay cosas muy viables que obviamente van a mirarse de manera positiva porque a la mayoría de mujeres que están en los sectores poblados se les van a mejorar sus condiciones laborales, pero también hay unos retos muy grandes para el Estado colombiano en términos de que lo que se priorice aquí, se cumpla en los lugares recónditos de Colombia. Los temas de reforma están muy abiertos. A todas las mujeres de Colombia nos meten como a la misma bolsa, pero las condiciones son muy distintas en Colombia. Hay una Colombia profunda y no todas nos veremos acogidas en esta propuesta”.
Patricia, Dora y Juliana coinciden en que es crucial poder hacer seguimientos efectivos a temas como la igualdad salarial, la no discriminación o el acoso sexual. Juliana, particularmente, menciona otras situaciones claves que se tendrían que afrontar: la resistencia del sector empresarial, entendiendo que hay una apuesta por una redistribución y los derechos de las y los trabajadores, pero también una formalización de trabajos que han sido históricamente excluidos. Y, también, la aparición de nuevas formas de precarización.
“Es un avance que se quiera reconocer los trabajos domésticos, las madres comunitarias, entre otras, pero toda la propuesta sigue estando en el marco de una mercantilización de ese tipo de trabajo, donde son las mujeres más empobrecidas las que siguen teniendo trabajos menos remunerados y tecnificados (…) Sabemos que un presidente dura cuatro años y se va, si no hay un compromiso estatal para hacerle seguimiento a una posible reforma laboral que contenga estos estos elementos, pues vamos a tener en papel unas cosas que en la vida real no se cumplen. Sin embargo, todos los derechos laborales que hoy tenemos han sido producto de la lucha de los y las trabajadoras en la sociedad, y eso implica que también para tener 8 horas de trabajo, hubo una resistencia a los sectores empresariales; para que haya licencias de maternidad, paternidad; para que no se pueda despedir a mujeres en estado de embarazo. Es importante la lucha de los y las trabajadoras, pero también la presión que se le hace al Estado para que realmente supervise lo que va a garantizar.”
¿Y los retos para el movimiento feminista?
Vanessa Serpa, integrante de la corporación Convivamos y profesora acompañante del colectivo de niñas Feministas Poderosas, lo expresa claramente: ningún gobierno, aunque se nombre progresista, nos la va a poner fácil. Para ella, las acciones de Gustavo Petro lo que hacen es demostrarle al movimiento social de mujeres que tiene que mantenerse atento y con ánimo de lucha y exigencia.
“El movimiento feminista tiene muchas tareas. Incluso revisar si el movimiento social de mujeres se va a seguir enunciando desde el feminismo. Porque hay unas discusiones que el movimiento feminista no ha querido dar, a mí eso me parece muy cuestionable. Es cómo defender la vida, pero defender la vida de quién, de cuáles mujeres, si solo van a ser las mujeres que son mujeres dentro de este espectro biológico o cuáles vidas son las que vamos a defender. Hay una conversación que toca darse con las compañeras trans, travestis, con las mujeres negras, con las mujeres más empobrecidas, porque a la larga, si no lo revisamos, será un movimiento que pone su fuerza, sus saberes, incluso sus anhelos y parte de esas cosas que consideramos tan utópicas, en manos de mujeres que no terminan representándonos. Es como revisar si la aspiración o si el propósito es la feminización de la política, porque habría que revisar las experiencias que se han dado, pues el hecho de que algunas mujeres lleguen al poder no se traduce en más garantías para las mujeres”, asegura la tutora.
En ese sentido, Dora Saldarriaga también plantea que una tarea pendiente es lograr que más mujeres tengamos conciencia de género y exijamos nuestros derechos, porque existen algunas que desde su privilegio no los leen como tal: “Creo en el proyecto progresista. Estoy convencida de que es el camino y que necesariamente por ahí tenemos que transitar. Pero diría lo que en algún momento dijo Rita Segato, «Ningún patriarcón hará la revolución». Y creo que ahí es muy necesaria una mujer feminista en la presidencia. Creo que Petro ha hecho cosas, yo no le desconozco que ha avanzado, pero efectivamente si en algo se parecen los de derecha, izquierda y progresistas, es que todavía no han podido evolucionar en deconstruir el patriarcado que les da beneficios y privilegios”.
Además de esto, Dora y Juliana también advierten sobre un movimiento internacional reaccionario que viene por los derechos de las mujeres, como ha venido sucediendo ya en Alemania, Argentina y Estados Unidos. Juliana explica que esta política fascista utiliza la forma más represiva del sistema, implantando enemigos dentro de la misma sociedad y de las mismas clases trabajadoras para que no haya posibilidad de unión o de resistencia.
En este punto, me cuestioné a mí misma por haberle preguntado a la senadora del Pacto Histórico María José Pizarro, cuál era su postura frente a la instrumentalización del discurso feminista que se estaba dando por parte de Gustavo Petro, representante máximo del movimiento político al que ella pertenece. “Sí, le hemos fallado a las mujeres”, fue lo que me dijo, admitiendo además que estaba cansada de salir a dar la cara ella, quien también fue violentada en el congreso por un hombre.
“Todos los días tenemos que demostrar cosas que los hombres no tienen que demostrar. Estamos como condenadas a hablar de esto. Así como ellos investigan sobre tarifas de energía y demás, pueden buscar de qué es que estamos hablando nosotras. Hay que empezar a exigir las responsabilidades a quien se debe, pero lo que estamos viendo es que nuestras propias organizaciones, entre nosotras mismas, estamos para pedirnos explicaciones, pero no para respaldarnos. Yo no nombré a Benedetti. Siempre somos nosotras las primeras en salir a explicar y hablar de lo que ellos hacen, ¿por qué?”.
Entonces entendí que el verdadero reto es el cuidado. Y entendí también el sentido de la frase de Patricia con el que cierro este texto:
“Las mujeres sentimos que por algún lado hemos ganado. Vamos a tener muchas dificultades, pero si falto yo, habrán otras detrás de mí”.











