Por Juan Alejandro Echeverri
En la tradición católica, las santas y los santos son objeto de reverencia y sumisión. “San Francisco para nosotros no es un santo. A pesar de que llega a través de la evangelización, San Francisco no es el santo que está por allá, es el hermano que está aquí. Es el patrono de la diversidad. Más allá del santo que ustedes ven, para nosotros es un amigo, un parcero como dicen ustedes”, me explica Beatriz Elena Quesada Cuesta en el onceavo piso de un edificio de la zona más céntrica de Medellín.
Esta mujer de camisa azul con puntos blancos, gafas y labios pintados, cuya oficina está decorada con un elefante negro, un cofre de cristal, y una imagen de Jesús recostado sobre una piedra, es la directora de la Asociación Intercultural Colombia Diversa (AICOLD). Organización sin ánimo de lucro empeñada en realizar desde 1997 la fiesta de San Pacho en la capital de Antioquia. Este año, del 12 al 16 de octubre, se realizará la versión número 27 de esta celebración con la que pretenden salvaguardar las expresiones culturales de la comunidad negra, afrocolombiana, raizal y palenquera que habita Medellín.
“Es el único espacio donde esa población se siente segura, se siente entre su grupo étnico, en su gueto, se siente un sujeto que se puede expresar libremente, y que quizás la ciudad no ha brindado ese acompañamiento para entender ese sujeto, que se siente en todo momento excluido, y que ese día tiene la oportunidad de reencontrarse con personas que hace tiempo no ve (…) Esto lo gestamos un grupo docente y de amigos de [el sindicato] ADIDA. La primera vez empezamos como 50 personas —asegura Beatriz rememorando las primeras versiones—. Inicialmente fue un punto de encuentro, fuimos dándole norte, todos aportando desde lo que podían, y después dijimos: esto debe ser un punto de resistencia y construcción de tejido social. Celebrar esta fiesta es un medio, más no era el fin. Nosotros no hacemos actividades ni hacemos eventos. Esto es un proceso cultural y social de resistencia de la población negra”.
Con los años, esa manifestación del ser negro, pensada en un principio como un momento de goce y de disfrute, en el que primos, amigos, tíos, y sobrinos pudieran sentirse libres y orgullosos de ser lo que son sin ser discriminados, fue tomando otras dimensiones. El hecho de que la festividad de San Pacho mantuviera su carácter popular y autogestionado, les permitió a sus gestores aventurarse a ampliar su alcance. Desde hace 18 años, AICOLD también realiza el encuentro del ser humano con la madre tierra. Una apuesta etnoambiental implementada en instituciones educativas de Medellín y otros municipios del departamento, con el fin de que los jóvenes potencien su liderazgo social, la autonomía responsable, el uso y cuidado consciente de los recursos naturales.
Pero allí no se agotan los intentos de salvaguardar la idiosincrasia negra en una ciudad clasista y repelente a otras formas de habitar el mundo. A través de festivales de poesía, talleres sobre identidad, violencia de género, derechos humanos, y conversatorios sobre la afroreligiosidad, la organización que encabeza Beatriz le propone a la Comuna 10 de Medellín un diálogo intercultural en el que puedan participar libres de prejuicios diferentes sectores de la sociedad.
La memoria escrita también es un puntal clave en este proceso de resistencia que nace en La Candelaria, y pretende irradiar toda la ciudad. Al momento de la conversación con Beatriz, ella y su equipo estaban ultimando detalles para la publicación del libro Tucú: el guardián de mis ancentros. Tucú porque es la unión de las palabras turismo y cultura, las razones centrales de la celebración de San Pacho. Además, porque es el nombre de una luciérnaga que habita los bosques tropicales del Chocó, cuya principal característica es emitir destellos de luz muy potentes, por lo que es considerada uno de los animales más luminosos de la tierra.
Tucú: el guardián de mis ancentros se trata de condensar esos saberes ancestrales que, de generación en generación, las mayoras y los mayores analfabetas trasmitieron a su descendencia por medio de la oralidad. En la publicación puede encontrarse la receta para preparar un sancocho de gallina criolla, un bocachico sudado, o una bebida refrescante de saúco, reivindica la importancia del maíz y el plátano en la dieta de las familias afrocolombianas, hace un paseo por los sentidos, las texturas y los sonidos que surgen en la mesa y la cocina, contiene también refranes que dicen que “al agua clara se le ve el fondo”, y que “cuando pajarito está alegre, un gavilán se lo quiere comer”.
Pese a que son 27 años tratando por todos los medios de hacer de Medellín un lugar menos hostil para las más de 236.000 personas negras que viven en ella, persisten comentarios, gestos y actitudes racistas, incluso por parte de la misma institucionalidad señala Beatriz: “Desde la aplicación de las mismas políticas. Se escriben, pero vaya pues asígneles presupuesto para que se ejecuten. Luego, desde su imaginario, colocan unos indicadores que uno sabe que no son. A veces a las comunidades negras que necesitan zapatos, les dan sombreros. Uno no sabe si culpar u obviar ese tipo de cosas (…) Una cosa es la visión presidencial, y otra la de su equipo y sus instituciones descentralizadas. Tienen una visión clasista, hay racismo estructural que se manifiesta de diversas maneras. Ha sido tan hegemónico, que ni siquiera se dan cuenta de que lo hacen. A veces lanzan unas expresiones que uno dice: ¿este tendrá cerebro o qué?”.
Si bien falta mucho trecho para erradicar ese racismo naturalizado y enraizado en la ciudad, son palpables los alcances del trabajo realizado por AICOLD. Hoy Beatriz se enorgullece de poder afirmar que un segmento poblacional de jóvenes mestizos nacidos en Medellín, son capaces de comprender y convivir con otras culturas como la afrocolombiana: “Mas que estarnos quejando y reclamar deudas históricas, es exigir, pero con esas acciones que salgan desde nosotros. Que uno pueda decir está pasando esto, pero tengo este proceso de jóvenes para mostrarle a la ciudad”.
Escuchar a Beatriz me emociona, y me causa algo de envidia por nombrar con orgullo las raíces que le hacen ser lo que es. La directora de AICOLD nació en Medellín, pero nunca dejó de ser chocuana. Su papá era policía y su mamá enfermera rural. Debido a sus oficios, los padres decidieron matricular a sus tres hijas en un internado. “Cuando salían las internas, nosotros nos volábamos”, cuenta Beatriz entre risas. En una de esas fugas, se perdió una de sus hermanas. Cuando la encontraron, sus papás decidieron enviarlas nuevamente al Chocó a vivir con su abuela. En Quibdó Beatriz terminó el colegio, hizo su vida universitaria, y luego retornó a Medellín. Son ya 30 años como docente de un colegio de la comuna 8. Trabajo que complementa con su labor social y comunitaria en AICOLD.
Pese a que vive en el centro y lleva tres décadas en Medellín, Beatriz nunca permitió que hiciera mella en ella el blanqueamiento mental: “Hay algo que viene haciendo mucha escuela.
La gente dice: es que el negro no es solo es cultura, error. Es que el negro no es solo folklore y fútbol, error. Si hay algo que mantuvo la resiliencia entre los esclavos fue la danza. El negro entró a la escuela o entró a estudiar ayer, por qué se tiene que avergonzar de la marimba, el tambor y esas expresiones tradicionales de su cultura que es el folklore. Entonces entró tres días a la universidad y ya se le olvidó que viene de una diáspora, y que sus ancestros fueron esclavizados, y esa fue una de las formas de resistir a esa esclavización. Si hay algo que a una persona que es desarraigada no le pueden quitar, es su cultura, ese es el único equipaje. A usted lo secuestran, a usted lo llevan a la conchinchina, y usted lo único que lleva es sus dinámicas y formas de vida.
Usted asimilará cosas, pero siempre usted regresa a sus raíces. En AICOLD trabajamos por ese folclor, por esas tradiciones. Ustedes nunca nos van a ver en algo diferente que no sea esas tradiciones, que dieron fuerzas a nuestros ancestros para que yo hoy esté frente a usted, hablando de toda mi cultura y de mis antepasados. Me siento supremamente orgullosa de trabajar en esto, y esa es mi vida”.