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Desempolvando las Reformas Agrarias del siglo pasado (Parte 1)

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Por Wilmar Harley Castillo Amorocho

El siglo XX es un río de enseñanzas sobre las Reformas Agrarias impulsadas en Nuestra América; de las cuales se ha reflexionado y aprendido bastante para las actuales luchas por la tierra y el territorio en Colombia. Desde el campesinado insurgente mexicano, pasando por el pueblo cubano, boliviano, brasilero, al igual que el campesinado chileno durante el gobierno de la Unidad Popular, son variadas las experiencias, pero sus enseñanzas tienen puntos en común.

En el actual gobierno del Pacto Histórico ha revivido el debate de la Reforma Agraria para encontrar salidas a su integral cumplimiento, teniendo como base principal los acuerdos de La Habana (16 planes nacionales sectoriales), donde se habla de Desarrollo Rural Integral. Como cualquier debate, hay diversas posturas entre el campesinado colombiano, que matizan diversas maneras de construir la Reforma Agraria haciendo interesante y compleja la trocha que se abre.

El carácter estructural de la tierra responde a que está interconectada con la cultura, la economía, las leyes, la institucionalidad, las relaciones de poder y, por supuesto, las formas de vivir, como también el tipo de territorialidades que constituyen a la sociedad concreta de cualquier país. Si el campesinado no posee ni cultiva la tierra bajo sus intereses y formas de vida, estará sometido a la explotación y esclavitud del terrateniente o multinacional que impone su negocio privado, y por ende responde a su territorialidad capitalista. En la historia de las luchas populares del mundo y de Nuestra América, la tierra ha sido un denominador común.

Pero no basta con las formas específicas de vivir sobre la tierra, también depende del tipo de participación en el Estado, como de las otras transformaciones que se estén dando en la sociedad, además del tipo de relacionamiento con las otras fuerzas sociales que buscan imponer sus intereses en la Reforma Agraria y demás transformaciones sociales. Por estas razones es importante repasar algunas experiencias de Nuestra América.

Empecemos con la experiencia mexicana, la cual se destaca por el levantamiento insurgente campesino (1910) que sacudió la estructura latifundista a nivel nacional, para dar paso a una redistribución de la tierra entre el campesinado. Además de modificar al Estado (institucional y financieramente) para garantizar el sostenimiento del nuevo tipo de tenencia y uso de la tierra con un enfoque popular. El sistema de ejido comunal, o tierra comunal, sustentó esta experiencia, pero otros factores influyeron para que el curso de la revolución terminara bajo los intereses de la burguesía.

Una de ellas fue la falta de visión estratégica y nacional de los actores revolucionarios en el Estado (trabajadores sindicalizados); la exclusión del campesinado en estos espacios decisorios y su organización realizada desde el Estado; esto se complementa con la inclinación de la balanza de poder hacía la burguesía y su intelectualidad, que hizo parte del Estado, girando el proyecto revolucionario de nación hacia el proyecto capitalista bajo su ideología reformista y burguesa después del periodo del presidente Lázaro Cárdenas (1940-1964).

La Reforma Agraria cubana tuvo una primera etapa donde priorizó la agroindustria de exportación (1959-1963) y consolidó al sector agrario estatal, centralizado en el Ministerio de Agricultura. Luego, en la tercera Ley de reforma agraria (Decreto Ley 142 de 1993), promovió la autonomía de gestión y la organización autónoma de los pequeños agricultores cambiando el enfoque productivo agroindustrial exportador hacia uno que priorizaría la alimentación del pueblo cubano, pero sin desaparecer la agroindustria (ganadería, azúcar y tabaco).

Al contrario del caso mexicano, el pueblo cubano impulsó la Reforma Agraria cambiando no sólo la estructura latifundista de la isla, sino también la estructura social capitalista por una socialista a partir de 1959. El Estado pasó a ser el principal impulsor y administrador de la Reforma Agraria, teniendo como interlocutor a las cooperativas campesinas creadas también desde el Estado, pasando además la propiedad de la tierra al pequeño campesinado y así dando un giro radical en el conflicto histórico de la tierra a favor del pueblo cubano.

Entre otros aportes está el caso de los trabajadores y trabajadoras rurales de Brasil, que vienen haciendo la Reforma Agraria por medio de la recuperación de tierras estatales-privadas improductivas, estableciendo asentamientos y campamentos propios. En esta territorialidad propia construyen una reforma popular. Tensionan la correlación de fuerza entre las clases sociales brasileras para re orientar al Estado en la dirección de los sectores populares, y evitar perpetuar el orden social burgués.

A diferencia de los dos casos anteriores, la Reforma Agraria popular impulsada por el Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) de Brasil, está en disputa aún con la territorialidad privada de la agroindustria y terrateniente brasileros que, a lo largo de los gobiernos burgueses y progresistas, no han cambiado radicalmente la estructura latifundista. Sumado a esto, el MST ha implementado en su estrategia política la participación de sus miembros en la institucionalidad estatal, reconociendo en esta un escenario de disputa y no un escenario que debe ser transformado radicalmente en beneficio de la Reforma Agraria popular.

Los componentes centrales de las revoluciones agrarias en Nuestra América del siglo pasado, consistieron en traspasar recursos a grupos rurales pobres; superar la pobreza rural; democratizar la sociedad rural; mejorar el uso de los recursos públicos. El sentido específico de estos componentes apuntó a desaparecer el latifundio y al latifundista, por considerarse una forma de tener y usar la tierra injusta e ineficiente; añadiría que destructiva con la vida en general. Ahora bien, en las experiencias expuestas, a excepción de la cubana, se cumplió parcialmente con los objetivos centrales y el sentido específico de las Reformas Agrarias, siendo ejemplos para reflexionar de cara a las luchas actuales y las banderas políticas vigentes de la tierra y el territorio.

Aunque Colombia es un ejemplo de contrareforma agraria en el siglo pasado, la reactivación del debate y las pretensiones del actual gobierno nacional obliga a profundizar en otros casos. En Chile y Venezuela hay similitudes con la realidad nacional y en las pretensiones de los gobiernos de la época por impulsar la Reforma Agraria, sus nefastos resultados son materia de análisis apropiados para el momento político del campesinado colombiano.

 

 

 

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